16 de junio de 2007

Realidad que estás y nunca estás



Oh, realidad que estás y nunca estás,

si en la conciencia toda huella bórrase

cual nube que arde en luces y devórase

ante el azul del cielo, sin edad;


si al corazón el ritmo desvarías,

sesgando al mismo tiempo un asidero

a las cosechas en que hallarte intento,

oh realidad que en noche creces días;


pero, si hallarte es un juego de heridas,

no quita al ojo, a los sentidos todos,

tu imagen floreciendo en las espinas:


es gozo, en realidad, saberse vario,

mundo más loco de incesante cambio

que renace gozando su partida.





Oh, realidad que estás y nunca estás,

sensación de quietud sobre la luz,

pasmo del aire quieto en el azul

que trenza los colores sin edad


en un albor de cúmulos brillantes:

su esencia ocultas, ojo inexpugnable

que a nuestros cuerpos traga con la duda

de nada ser, sino esta sed desnuda;


sed de tocarte, luz que a todo animas,

y que huyes cuando huimos de nosotros

queriendo asirnos mas dados al todo;


dónde mascarte, realidad de albores,

y hallar la esencia viva, las visiones,

la carne ardiente azul de nuestras vidas.




9 de junio de 2007

Place Léon Blum



Leyendo un gesto del aire



Hipnotizado por la danza
de una paloma lisiada,
por el movimiento que la piedra,
en hilos de sí, saliendo al encuentro
del vuelo despliega.

En mitad de la plaza,
perdido en su centro,
llega hasta tus oídos, silbada,
la música de tu lengua,

tres hombres la cantan,
la tierra que arrastran sus voces
graba en el aire
signos, números, trazas;

termina para ellos,
aquí, la tarde,
la negra jornada,
el duro fatigar
la sombra y la carne del pan.

Por un instante,
el sudor de sus labios evacua
el limo de sus voces
y asperja el corazón de tu oído;

en un movimiento imposible
injertas tu aliento en el polvo
que sus palabras exhalan,

plantas una semilla en el aire
y aguardas, en mitad de la plaza,
a solas, a que el silencio
como rocío
la riegue.





8 de junio de 2007

Sobre expuesto y mañoso



Segunda cueca Nigreda

para JP y F

Reporte a los Nigredistas
En noche de viernes, solo.
Qué triste escribir a veces
Y nunca ganarle al Colo.

Tanta gente que dice
No cacho ná
Cuando el verso parece
chicha encachá.

Esto no sirve, ay no,
Pa la gran masa,
Nadie se cura entero
Silbando en casa.

Pido a los Nigredistas
Más que revistas.

Todo sobre mi madre


I.

No en el infierno no queda
hacer aunque se pierda
tienen final e inicio,
¿eso de hacer mal alegra
al pelo?, Madre
tiempo, hambre Madre,
vigílame, vigílame de cerca
y yo haré más y las áreas
neutrales de ambos múltiples
ensayos aunque el cuerpo
se hunda.

II.

Cae verde de nuevo la lluvia
y la calle mojada y respiro aún
sediento de lejos se oye crujir
a un tronco de noche deseo
a lo lejos, caen palabras,
caen sin sonido en la calle
vacía al pasar, pueden
de lejos oír al tronco viejo
crujir, las hojas verdes
ven pasar luciérnagas y lejos
aún el incendio temprano
del bosque, frente a la rueda
abandonada al otro lado el último
trueno en blanco.

31 de mayo de 2007

Nada de nuevo

La puerta al pasar era noche en calle
y vacía atraía por secreto
aún niño atacado el temor aún
siento al igual prolongarse
profundo el tirano y sobrevivir
a pesar yo vigilo el silencio
en calle en este instante y la lluvia
aún nada y los Andes lejanos
sin nieve hace poco caída
no, por fe no abras tus brazos
en ellos por fe. De pronto se abre
de golpe una puerta
ahora de susto no iré al otro lado
a perder tras amar en verdad quise
volver mi camino o calor
del pantano, me digo,
y veo ese vaso en que se disuelven
los cubos.

29 de mayo de 2007

Variación a lo divino



















Adiós, amada, nieve de mis días:
fúndese el tiempo, núblanse los ojos,
y al fin estamos solos, juntos solos,
fundidos en mirarnos, oh justicia;

adiós, que el tiempo suficiente ardió
y el ojo por demás al sol cayó:
si nada somos siendo pies en polvo,
a qué quemar el cielo con despojos;

que nada diga el tiempo de lo nuestro:
a soñar con el olvido me entrego,
rehén de un sueño por ríos fundido;

adiós, amada, nieve de mis días:
del mundo el eco nos queda al hundirnos,
albas almas privadas de sí mismas.





Adiós, amada, nieve de mis días,
que el tiempo en un instante nos arrasa
cual fruto que una suave mano arranca
por simple sed de jugos y semillas;

partimos, carne al polvo,
a extremos de nosotros, que el invierno
de los días nos nubla y no entendemos
por qué el fruto hacia la raíz se arrastra;

pesa la nieve y coquetea el viento
con nuestra muerte: pero en los extremos
del mundo sigues en mí palpitando;

adiós, que el soplo de Dios nos aúna:
la nieve no es sino el crisol que muda
los cuerpos que en morir se están amando.



f a n t e

24 de mayo de 2007

Central Park dreams




















El pensar de tu cuerpo sueña un ave,
la luz se hace espiral y vuela viva,
tu sueño insomne por la altura arriba
al sueño de mi cuerpo más ingrave.

Sueño el ave de ambos, aún no sabe
si en un cielo tan vasto está cautiva,
si el morir que a un remoto sol derriba
también en su soñado cuerpo cabe.

El ave sueña un vuelo sin frontera,
se posa en nuestra muerte compartida,
bebe de nuestros cuerpos luz sangrada.

No te despiertes de su sueño, espera:
acaso ella en busca de más vida
pueda volando iluminar la nada.